Fin de viaje 2005

Hoy concluimos este viaje. El viaje alrededor del Sol. Mañana iniciamos otro viaje, otro viaje alrededor del Sol.

Este año -2005-, a la vez que viajaba alrededor del Sol, viajé sobre la superficie de la Tierra, nuestra gran nave.

Viajé al sur, donde termina el continente e inicia el océano Pacifico, caminé por las arenas de la playa de San Agustín (foto), en Huatulco.

Viajé al norte, por carretera fuimos de Hermosillo a Nogales, donde termina el país. Para satisfacer la curiosidad de mi amigo Julio, hicimos la fila en el auto, como si fuésemos a cruzar la frontera, vimos la línea que divide, si divide, a nuestro país con el vecino del norte, satisfecha nuestra curiosidad volvimos. En Hermosillo bebí un exquisito jugo de naranja, probé el caldo de queso y comimos carne asada.

Viajé hasta el este. Estuvimos en Mérida. La ciudad blanca. Saboreé una exquisita comida, acompañada de una muy fría cerveza Montejo.

Viajé al occidente. Manejando el auto de frente al Sol hasta llegar, al anochecer, a Morelia. De Morelia viajé de noche, casi toda la noche para llegar hasta Xalapa.



Viajé otra vez al norte. Estuvé en La Laguna, la región que conforman Torreón, Coahuila y Gómez Palacio y Lerdo, Durango. En el viaje de la primavera a esta región conocí un mineral abandonado. En la región de Mapimí, conocí el mineral de Ojuela, caminé su puente colgante de 315 metros de largo y más de 100 metros de alto.

Viajé al noreste. Fui a Tampico. Me deleité el paladar con jaibas a la Franck y otras quitándoles su cáscara. Conocí a otros colegas. Vi otra vez a mis amigos. Volví a estar donde viví algún tiempo.

Viajé al oriente. Fui de Xalapa a Veracruz. El puerto que es el ombligo de México. El puerto donde también he residido y que dá su frente al Golfo de México. Volví a ver sus palmeras borrachas de Sol, como dice la canción de Agustín Lara.

Viajé al centro del país. Viaje a Guanajuato en el invierno y en el verano. Conocí, o reconocí, esta ciudad por sus túneles que confirman la vocación minera que le dio riqueza, riqueza que se fue. Conversé aquí con una amiga del muralista José Chávez Morado y de la pintora Olga Costa. Caminé por los callejones de esta ciudad colonial. Vi la fachada de la casa donde nació el muralista Diego Rivera. Conversé con mi amiga Sand, sentados frente al teatro Juárez.

Viajé hacia el sur, a Cuernavaca. En el verano a una fiesta, en lo que queda del casco de una hacienda. En el otoño a trabajar. En ambas ocasiones conduciendo el vehículo por la autopista que vá desde la ciudad de México y atraviesa el bosque.

Caminé por la ciudad de México. Recorrí sus históricas calles céntricas, entré a sus museos, caminé por sus parques. Me deleité en sus antiguos restaurantes.

Estoy viajando en Oaxaca. De donde empecé a viajar y sigo viajando…

Por el bosque

Ayer, 30 de diciembre, viajamos en medio del bosque. Vimos, al avanzar por la carretera, como el valle va dejando lugar a lomerío y como el lomerío se va convirtiendo en montaña, cimas y laderas escarpadas cubiertas de bosque. Árboles de hojas delgadas, muy delgadas, redondas de sección, una sección muy pequeña, hojas de árboles de ocote, conjuntos de ocotes que forman un ocotal y éstos ocotales. Vimos ocotales.

Vimos encinos, de troncos gruesos y cortos o altos y delgados, de hojas amarillas y casi planas y otros de hojas verdes en formas de cucharas. Encinos con heno en sus ramas.

Vimos el bosque. Nos quedamos con el aroma del bosque. Aspiramos el verde del bosque…


Arrazola, cuna de los Alebrijes

Hoy por la tarde, después de reposar por la microcirugía odontológica de la mañana, vi un elefante rosa y no era tal visión provocada por el efecto dilatado de la anestesia. Vi un elefante rosa, con orejas azules, cola verde con plumas y una prolongada nariz con puntos amarillos. Era una alebrije.

Vimos pequeños dragones, que no lanzan fuego por su hocico, pero que si tienen miradas tiernas. Colas rojas o azules. Son alebrijes.

Este pueblo –Arrazola- vive de hacer alebrijes. Los hombres tallan en madera de copal las figuras caprichosas, que combinan patas de una rana, con cuernos de un bisonte y cola de una pantera. Las mujeres pintan los elefantes rosas. Lilia Gabriela accedió a que la fotografiara pintando un dragón rojo. Los dragones azules. Toda una muestra multicolor y multiforme. Los alebrijes son el atractivo de este pueblo, este pueblo que es su cuna. Aquí nacieron estos pequeños monstruos, esta combinación de formas y colores. Los alebrijes…


Fiesta en Zaachila

Ayer al anochecer, llegamos a la fiesta, invitados por otros invitados. Inmediatamente que ocupamos los lugares que nos ofrecieron, nos fue servida la merienda, esta incluía barbacoa, guacamole, frijoles y tortillas, acompañada de una taza de chocolate y dos panes de yema. Todo un banquete.

La fiesta fue amenizada por una banda, que inicio con el vals Rosita, compuesto allí mismo en Zaachila. Luego escuchamos el clásico danzón Nereidas, también originado en este lugar.

La festejada –Nadia-, de quien se celebró su cumpleaños número quince, nos deleitó bailando el Jarabe Mixteco.

La banda inició a tocar el Jarabe del Valle y el baile se generalizo. Todo era un gran baile, como se celebra en el Valle de Oaxaca. A bailar…

Concierto de Susana Harp

Ayer. Dejamos el vehiculo en un estacionamiento, con la advertencia de que cerraban a las nueve de la noche. Llegamos al Zócalo minutos antes de la hora programada para iniciar el concierto. Un maestro de ceremonias anuncia que en diez, luego que rectifica que en dos, minutos iniciara el concierto. Pasan diez minutos y presenta a Susana Harp para cantar su colección de su nuevo disco Ahora.

Inicia Susana con Se vive así, compuesta por Marcial Alejandro. Al término de su primera interpretación recibe una ovación y saluda al público. Ella va ataviada con una blusa tehuana, bordada con grandes flores amarillas, y una larga falda negra. Anuncia que seguirá con Luna de Rafael Mendoza. Canta. Su voz clara, diáfana.

Sigue cantando. Morir en paz es el tema compuesto por David Haro, una canción extensa, prolongada. La voz de Susana la llena completa, cuan larga es.

Nos retiramos, vamos a rescatar el vehículo. Susana acompañada de su grupo y teniendo como fondo el costado izquierdo de la Catedral, siguió cantando…

El arte contemporáneo en Oaxaca

De a Plaza Labastida continué mi caminata por la calle Cinco de Mayo.

Me encontré la Galería de Didier Mayes. El pintor y diseñador, está en su galería. No lo conocía, me presenté con el y conversamos. Veo sus cuadros. Uno de ellos atrae mi atención, se trata de un tejido en lana. A mi pregunta, me dijo que hizo la pintura y un tejedor de Teotitlán del Valle hizo el tejido. Es un tejido en azul, con trazos en formas curvas en variados tonos de azul. Me despido de Didier.

Seguí mi andar por la misma calle y pasos mas adelante, atravieso a la otra acera. Entré a la Galería de Arte Contemporáneo. En ella contemplé la obra de Samuel Rojas, ésta es su galería, a él no lo conocía. Nos presentamos, me mostró su obra. Platicamos sobre ella. También hablamos de esta nueva generación de pintores que han llegado a establecerse en Oaxaca. Me platica de su experiencia al frente del proyecto de fabricar papel con fibras naturales y de su aprendizaje al lado del maestro Francisco Toledo. Ahora ha instalado su propia galería.

Le pedí a Samuel me permitiera tomarle una fotografía junto a una de sus obras. En este cuadro destaca el rojo, comenté que veía la influencia de Tamayo en los tonos rojizos de ese cuadro. Me explicó que se trata de un personaje sacrificado y que ha introducido un elemento prehispánico en la obra: el papel ámate, qué se ve en la parte superior central. Me despedí de Samuel.

Salí de galería de Arte Contemporáneo y seguí caminando…

El arte academicista en Oaxaca

Después de contemplar la fachada de la Catedral, caminé por la calle Macedonio Alcalá, llegué hasta el jardín de los pintores, la Plaza Labastida. Varios pintores exponen y expenden su obra.

Desde que llegue a la plaza vi concentrado frente a su caballete a Rodolfo Morales Nieto, homónimo de Rodolfo Morales, fallecido al iniciar el tercer milenio. Morales Nieto pinta un paisaje, quizá de la manera en que lo hacían José María Velasco o el Doctor Atl. Pinta un mercado, un tianguis, del centro de la ciudad. Pinta al óleo. Pinta en el jardín, rodeado de pinturas que pintan otros pintores, esculturas de madera y escultores. Pinta.

Me dijo que pinta los paisajes como los recuerda que eran hace treinta y pocos años, cuando el vio por primera vez esta ciudad. También pinta paisajes de los tianguis de las poblaciones del Valle de Oaxaca.

Los paisajes de Morales Nieto tienen el conjunto colorido de los mercados de Oaxaca, el celaje intensamente azul de Oaxaca, las mujeres y los hombres que trabajan vendiendo sus mercancías, los burros que cargan, trayendo y llevando, lo que se compra y lo que se vende…

El arte barroco en Oaxaca

Ayer, lunes 26, después de salir de la consulta odontológica, caminé por el centro de la ciudad. Llegue frente al Catedral. Contemple el gran edificio, su extensa facha construida de cantera verde, como la mayoría de los edificios céntricos. Sus bajas torres, que la hacen en su categoría de Catedral, una Catedral chaparra. Chaparra como la mayoría de los oaxaqueños.

La fachada de esta Catedral es una muestra de la dedicación que sus constructores pusieron para edificarla. Las piedras labradas. Las esculturas en los diferentes niveles.

La arquitectura barroca tiene una muestra del esplendor de la Nueva España en esta Catedral. En esta ciudad que también fue llamada Antequera, en remembranza de una ciudad española. Por ello algunas referencias a Oaxaca son: La verde Antequera. Verde por su cantera, la cantera con que están construidos sus principales edificios. Esta cantera verde que cuando se moja con la lluvia hace que se vea como una ciudad de jade. Cantera verde labrada, labrada y esculpida, conformando el arte barroco.

En otro día entrare y volveré a ver sus retablos y pinturas interiores. Ayer sólo contemplé la fachada barroca.
La minicrónica de la fiesta de la familia Rivera está en Domingos y festivos.


Víspera de la Navidad

Después de acudir a la cita odontológica, hago una caminata por el centro de la ciudad.

Paso frente a la Escuela Basilio Rojas, donde mi mamá estudio la educación primaria, cuando ella ya siendo joven se fue a inscribir en el turno nocturno. Me acuerdo que nos ha platicado que en algunas noches, cuando salía de clases, veía venir caminando por la acera al gobernador de entonces Mario Brena Torres, solo, si acompañantes que lo protegieran. A dos cuadras esta el Palacio de Gobierno.

En mi caminata paso por el Portal de Palacio, enfrente esta el Zócalo, rojo en superficie por las flores de Nochebuena que cubren sus jardineras.

Llego al mercado. Voy en busca de un par de huaraches, veo algunos, me pruebo uno y me los compro, andaré con huaraches estos días de vacaciones. En el mercado haya todo un pasillo en el que se pueden comprar huaraches, sombreros, morrales, bolsas, mochilas, chamarra, cinturones y otras prendas de cuero.

En un puesto de periódicos compro La Jornada y en otro El País, la fecha de éste me llama la atención, dice que es la edición del domingo 25, un diario que se vende en la fecha previa a la de su portada y en una ciudad distante de donde se edita.

Camino por la calle Independencia, paso frente al teatro Macedonio Alcalá, sigo hasta la siguiente esquina y en Fiallo (llamada así en memoria de Manuel Fernández Fiallo, filántropo lusitano). Identificada con el número 103, y el número 1 esculpido en la cantera que cierra el arco de la puerta, junto al jardín San Pablo, de esta calle está la casona que es el Templo Presbiteriano San Pablo donde se casaron mi papá y mi mamá. Su arquitectura se amolda al estilo colonial mexicano, su fachada es austera, sólo destacan los marcos de sus puertas. Me acuerdo que mi abuelo Alfonso me platicó que el participó en la construcción de este templo, el era obrero de la construcción –albañil- y se había convertido al protestantismo. Mi mamá y mi papá cantaban en el coro de ese templo. Enfrente el antiguo edificio de lo que fue el convento San Pablo en la época del Virreinato, este edificio alojo en su creación al Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca, donde estudiaron Benito Juárez y Porfirio Díaz. Contemplo el contraste de los edificios a ambos lados de la calle.

Continúo la caminata. Entro a la peletería Popeye y me compro una paleta de cajeta. Ahora las paletas tienen la forma de un paralelepípedo, ya no tienen la forma de sección octagonal que tenían cuando nos las compraba mi abuelo al salir del templo San Pablo.

Llego al estacionamiento donde dejé el vehiculo. Enfrente veo el costado de la Escuela Basilio Rojas. Abordo y salgo a la calle de Fiallo, doy vuelta a la derecha en Hidalgo, enseguida otra vez a la derecha tomo Armenta y López. Voy a visitar a mi abuela Antonia, viuda desde el primero de enero de 1975, cuando se murió mi abuelo Alfonso.

Noche de rábanos

Caminando vamos acercándonos al Zócalo de Oaxaca, su plaza central. Varias cuadras están llenas de personas en filas para poder llegar al Zócalo. Nos abrimos paso. Conseguimos una mesa en uno de los cafés del Portal de Mercaderes. Vemos a la multitud que se ha congregado a ver el espectáculo que es la exposición de rábanos. Estamos en la noche de rábanos, la fiesta que se ha efectuado desde 1897 el 23 de diciembre, como hoy. Somos parte de esa multitud.

Como salimos de la ciudad de México sin comer, para avanzar en la carretera que habíamos pronosticado estaría lentísima en algunos tramos, pedimos de comer. Nos traen lo que pedimos, lo ingerimos rápidamente y nos levantamos a ver la exposición de rábanos.

Para poder ver de cerca la exposición había que hacer una larga fila. Vemos la exposición de lejos. En ese intento de ver estamos cuando empieza el espectáculo de los fuegos pirotécnicos. La pólvora convertida en luces de colores. Luces de colores que rotan cual rehiletes en un castillo en el que se enciende la leyenda Noche de Rábanos. El espectáculo de luces continúa, de la Catedral cae una cascada que ilumina el majestuoso edificio. Luego suben al cielo otras luces que se expanden y descienden multiplicadas, cubren el cielo de colores. Es una fiesta de luces y colores. Después de que la fiesta ha llegado a su clímax, nos retiramos, en nuestra caminata vemos que la fila de personas para ver la exposición continúa. La fiesta continúa. Nosotros nos vamos a otra fiesta. Vamos a una posada.

De la ciudad de México a Oaxaca

Por la tarde del viernes 23 de Diciembre de 2005. Voy con mi hijo Carlos. La salida de la ciudad es a buena velocidad, 70 u 80 kilómetros por hora en la Avenida Zaragoza y luego tomamos la autopista.

Después de las curvas de Río Frío podemos contemplar a nuestra izquierda el paisaje nevado que es el Iztaccihuatl –Mujer Dormida-.

Pasamos la segunda caseta y en las cercanías de Puebla el tráfico se hace lento, por momentos se detiene. Tardamos una hora en pasar Puebla. Vemos un accidente, a los dos autos protagonistas se los lleva las grúas.

Cuando vamos llegando a la caseta de Amozoc, el tráfico va lentísimo. Después de la espera, pasamos la caseta. Avanzamos más rápido a 140 y 150 kilómetros por hora. Tomamos la desviación a Oaxaca.

Pasando la caseta de Tehuacán, dos chicas nos piden un aventón, nos detenemos, suben al vehiculo. A nuestra izquierda el Sol se va poniendo, vemos un atardecer en la montaña. Pasamos la caseta de Miahuatlán.

El lomerío se convierte en montaña. Termina Puebla. Principia Oaxaca. Para pasar de un estado al otro, hemos pasado por el puente Calapa, de mucha altura sobre la cañada profunda. Va obscureciendo.

En la caseta de Coixtlahuaca, las chicas a quienes hemos dado un aventón, descienden del vehiculo, continuaran su trayecto por la carretera que se desvía a Tamazulapan.

Seguimos a buena velocidad. Pasamos Nochixtlan. De la antigua carretera que panamericana se han incorporado mas vehículos. Avanzamos rebasando. Pasamos la caseta de Huitzo. Llegamos al Valle de Oaxaca. A las ocho y cuarto de la noche, después de buscar en varios estacionamos, encontramos donde dejar el vehiculo. Estamos en el centro histórico de Oaxaca de Juárez.

De Tampico a la ciudad de México

Salimos del hotel, Alfredo, Felipe, que paso por nosotros y yo, directo al trabajo. A las 8 de la mañana iniciamos nuestro trabajo.

Al mediodía tuvimos un receso para degustar unas exquisitas tortas de la barda. Reanudamos el trabajo.

A las 4 de la tarde salimos a comer. Llegamos, todo el equipo de trabajo, al restaurante La resaca, Silverio y Marisela se incorporaron más tarde. Para empezar una cerveza. Enseguida una taza de caldo de camarón, luego una ensalada de fruta del mar –camarones, caracol, y otros mariscos-. Nos trajo el mesero el platillo que estábamos esperando: Jaibas a la Frank, éstas están guisada con mantequilla, toda una delicia, es de los mejores platillos que se pueden degustar en Tampico, también nos trajo filete de negrilla, pescado de carne blanca, todo un manjar.

Terminando la comida, nos tomamos una fotografía del equipo de trabajo, me despedí y Felipe me llevó al aeropuerto. Un espera breve y partimos. No sentí cuando despegamos. Hice el viaje más dormido que despierto.

Cómo me tocó un asiento junto al pasillo, no pude contemplar el paisaje nocturno qué es la inmensa ciudad de México. Aterrizamos. Desciendo del avión. Paso por mi equipaje y adquiero un boleto para un taxi. Hago una fila de espera, abordo el taxi y me voy a donde vivo. Estoy de nuevo en la ciudad de México. Soy uno más entre los veinte millones de esta metrópoli.
A Tampico

Domingo 18 de Diciembre de 2005. Por la tarde llego en un taxi al aeropuerto de la Ciudad de México. Hago la documentación de mi equipaje. En el acceso a la sala de espera paso por la revisión de mis objetos personales, coloco el teléfono celular, cámara fotográfica, dispositivo de memoria de mi notebook y monedas en una charola que coloco en la banda que pasa por el aparato donde los vigilantes visualizan los contenidos. Paso por el marco detector de no se que. Recojo mis objetos personales de la charola después de pasar por la revisión y asciendo a la sala de espera.

Mientras espero, vuelvo a la lectura de La reina del sur. Voy a los monitores que avisan sobre las salidas de los vuelos. Paso a la sala de abordar. Después de una espera breve, abordamos. En la puerta del avión tomo el diario El Universal, que leo durante el viaje. Se ha hecho de noche.

Por el altavoz nos avisan que estamos llegando al aeropuerto de Tampico. Vamos descendiendo. Las luces de la ciudad la hacen ver dorada. Líneas de luces doradas cada vez más cerca. Aterrizamos. Estamos en Tampico.

Desciendo del avión y al caminar por el pasillo para recoger mi equipaje voy recordando de cuando vivía aquí, en esta ciudad al margen izquierdo del caudaloso rió Panuco, donde termina Tamaulipas.

Me espera mi amigo y colega Felipe. Vamos al hotel, cuyo nombre esta muy acorde con las celebraciones de estas fechas decembrinas, Posada. Me instalo en el hotel.

Salimos hacia el centro de la ciudad, por la avenida Hidalgo, que después cambia de nombre a Altamira, damos vuelta a la derecha en Colon, luego a la izquierda en Héroes del Cañonero Tampico, llegamos a la Plaza de la Libertad, nos estacionamos en subterráneo que está en esta plaza.

Dejamos el vehiculo y salimos a la superficie. Los edificios de arquitectura de influencia francesa que rodean la plaza están adornados con luces de motivos navideños. Entramos al hotel Sevilla y en la segunda planta del edificio, en un largo balcón, donde esta el restaurante y bar. Nos sentamos a contemplar la plaza. Pedimos cervezas indio. Comentamos sobre esta plaza y su conservación.

Después de dos cervezas y albóndigas de jaiba, llega Silverio. Como la temperatura ha descendido, nos retiramos del balcón y pasamos a un saloncito donde hay una pantalla de televisión. Están por iniciar el tiro de penales del partido entre los Pumas de la UNAM y el Boca Júnior. Tiran los penales y gana en su cancha el Boca.

Seguimos nuestra plática. Nos terminamos los tequilas y salimos. Me acompañan al hotel. Hay que descansar.

Tampico hermoso, oh puerto tropical…

Así empieza un corrido dedicado a este puerto fluvial en el que he iniciado esta semana.

Felipe pasa por mí al hotel y nos desplazamos al lugar del trabajo, son las 7:45 de la mañana del lunes 19 de diciembre. Llegamos a la sala de trabajo. Nos saludamos e iniciamos las acitividades programadas.

A las 3 de la tarde salimos a comer. Una rica comida de mariscos. Después del caldo de camarones de entrada, seguimos con camarones con cáscara que hay que pelar e ingerir, acompañados de una sala picosa. Luego las jaibas, estos cangrejos que identifican a Tampico, para muchos Tampico y jaiba son sinónimos. Tampico es de origen huasteco, significa lugar de nutrias o perros de agua. Está ubicado en la margen izquierda del río Panuco, de Tampico sigue Madero y se llega al mar, el Golfo de México. Por ello aquí se disfrutan los mariscos, deliciosos.

Después de la comida regresamos al trabajo. Terminamos la jornada a la 6 y media de la tarde y nos retiramos. Vamos al hotel. Allí nos encontramos con Alfredo, quien se incorpora a nuestro equipo de trabajo. Felipe se despide. Alfredo y yo vamos al centro de la ciudad. De la Plaza de la Libertad caminamos a la Plaza Central, donde está el Palacio Municipal, la Catedral y otros edificios históricos, todos decorados con luces y arreglos navideños.

Llegamos a un café, nos sentamos y ordenamos una bebida. Conversamos. Terminamos nuestras bebidas. Pagamos y salimos.

En la esquina tomo la foto del edificio del café y aledaños. Al fondo una piñata en luces de colores.


Descendemos al estacionamiento subterráneo. Abordamos el vehículo y salimos a la superficie, damos vuelta a la izquierda y nos dirigimos al hotel. Vamos a descansar.
La minicrónica del viaje de Oaxaca a la ciudad de México, está en Domingos y festivos.
Oaxaca

Para Teresita,
quien votó hoy en Santiago

Ayer, sábado 10 de diciembre de 2005, al medio día, por la calle La Alianza, cruzo la calzada de La Republica, ésta está sobrepuesta sobre el río Jalatlaco, que fue entubado, va serpenteando, como iba el río, a sus lados minúsculos jardines y plazoletas, en ellas treinta y dos estatuas de próceres, mismas que fueron donadas por cada una de la Entidades Federativas que conforman La Republica. Sigo por la calle de Los libres, cuadras mas adelante la calle se estrecha, permanecen apostados frente al diario Noticias un grupo de personas, una disputa que dicen es laboral.

Llego a la calle Morelos, doy vuelta a la derecha y me incorporo a su circulación. Pasando la calle Reforma, entro a un estacionamiento. El encargado me advierte: Cerramos a las tres, yo le pregunto ¿de la mañana?, no, me contesta, de la tarde, nos vamos a comer y regresamos a las seis. Estamos en la provincia.

Camino por Morelos y doy la vuelta a la izquierda en Cinco de Mayo, en la esquina con Independencia contemplo el teatro Macedonio Alcalá, sigo caminando hasta la esquina con Guerrero, doy vuelta a la derecha, llego al Zócalo, el ombligo de Oaxaca, quizá el ombligo del mundo.

El Zócalo está rojo, me hace recordar aquel que dio título al libro de Miguel Ángel Granados Chapa en 1982, pero no es, no es el Zócalo de la ciudad de México del sábado 19 de junio de aquel año. El Zócalo de Oaxaca está rojo porqué sus jardineras están cubiertas de Nochebuenas, estas flores mexicanas que distinguen nuestras navidades. Contemplo el rojo.

Sigo caminando, ahora la calle cambia de nombre a Valerio Trujano, en un estanquillo de diarios y revistas compro el ejemplar de Nexos de diciembre, el tema es La Izquierda o Las Izquierdas. Sigo caminando, ya no están los billares Victoria, donde alguna vez vi aparecer en la pantalla televisiva a Patricia Reyes Spíndola y Claudio Obregón, teniendo como fondo musical La Internacional, eran ella y él los rostros de los comunistas mexicanos que debutaban en la política mexicana para participar en la primera elección, estrenando su registro electoral.

Llego a la esquina, doy vuelta, a la izquierda, camino ahora por 20 de Noviembre. Delante de mí va una chica con una larga cabellera, su cabellera intensamente negra, tan negra como larga, contemplo su cabellera. Llego a la puerta de la cantina La Farola, entro.

En La Farola, pregunto por un buen mezcal, me ofrece el cantinero, que prefiere que le llamen barman, uno de la casa, Tobalá. Me sirve el mezcal, acompañado de pequeñas rebanadas de naranja y sal de gusano. Esta cantina fue establecida en 1916. En sus paredes se da cuenta de ello. En un muro se hace referencia que en este sitio se inspiró Malcolm Lowry para el sitio El Farolito que menciona en su novela Bajo el volcán. En otro muro, de la segunda planta, se puede leer: Quien bien bebe, bien duerme / y quien bien duerme, bien piensa / y quien bien piensa, bien trabaja / y el que bien trabaja, ¡DEBE BEBER BIEN! Salgo y me encuentro con una familia –Tentori-, son turistas que viene de Ensenada, Baja California, me preguntan si pueden entrar, les digo que creo que si, el cantinero –barman- les permite el paso.

Camino por 20 de Noviembre, doy vuelta a la izquierda por Las Casas (calle llamada así en honor del fraile Bartolomé de las Casas), luego otra vez a la izquierda por Flores Magón, luego el Portal de Flores, luego García Vigil. Me encuentro con una chica, Rosario, que vende fotografías antiguas, me permite verlas, compro tres, dos de 1875 del Zócalo y otra de 1940 de un mercado, un tianguis.

Antes de llegar a la esquina una policía, Griselda, me detiene, no me permite seguir, me dice que es por mi seguridad. Mas adelante, tres filas de policías resguardan el paso de una marcha, una manifestación. Termina el paso de los marchistas. Podemos pasar.

Sigo caminando por García Vigil, llego hasta el costado de la Iglesia del Carmen Alto. En la plaza que esta al lado de la iglesia hay una exposición de apicultores, venden mieles. Compro tres frascos de miel, uno de Reyes Mantecón, otro de Putla y otro de Ixtlan, el encargado de la venta de la miel de Ixtlán me muestra orgullos su certificado de producto orgánico.

Atravieso la plaza, llego a la calle Alcalá. Contemplo el majestoso templo de Santo Domingo de Guzmán. En la esquina que limita el atrio con la calle esta la placa que nos recuerda que Oaxaca es patrimonio de la humanidad.

Entro en la Plaza Santo Domingo que esta en contra esquina del templo. En la cafetería restaurante pido el menú del día: Sopa de ejotes, rebanadas de pierna de cerdo al horno en salsa de champiñones, agua de melón y pastel de limón. Delicioso.

Salgo de la plaza y llego a otra, ahora la Plaza Labastida. La plaza de los pintores, busco a mi amigo Armenta, no está, si están sus acuarelas. Tomo una del templo de Santo Domingo y la pago a su compañero.

Sigo caminando por la plaza hasta la esquina. Doy vuelta a la derecha en Cinco de Mayo. Paso frente al exconvento de Santa Catalina de Siena, ahora convertido en hotel.

Llego a Morelos, camino media cuadra y llego al estacionamiento. Abordo el vehiculo y salgo. Volveré otro día a caminar por esta ciudad colonial.
Oaxaca de Juárez. Patrimonio cultural de la humanidad.
De la ciudad de México a Oaxaca

Viernes 9 de diciembre de 2005. Salgo del trabajo, paso al banco a proveerme de efectivo. Abordo el metro en la estación Sevilla, trasbordo a otro tren subterráneo en la estación Balderas, llegamos a la estación Zapata y desciendo, salgo del metro y abordo un microbús, pocas cuadras y desciendo, camino dos cuadras y llego a donde vivo, abordamos el vehiculo e iniciamos el viaje.

Por el Viaducto llegamos a la Avenida Zaragoza, el tráfico, sino es ágil, tampoco se detiene, salimos de la ciudad, estamos en la autopista. Avanzamos a buena velocidad. Vamos encontrando peregrinaciones guadalupanas. Este país es guadalupano, todos o casi todos rinden culto a la Virgen de Guadalupe, la virgencita del Tepeyac que se le apareció a Juan Diego. Los peregrinos a quienes encontramos ya van de regreso. Alcanzamos a un grupo de peregrinos en motocicletas, uno de ellos lleva la imagen de la Virgen de Guadalupe en un cuadro atado a su espalda, así la imagen de Guadalupe va viendo a los automovilistas que los vamos alcanzando.

Pasamos Puebla. Seguimos avanzando. Pasamos la caseta de Amozoc. Dejamos la autopista y tomamos la carretera, de dos carriles. Pasamos cerca de Tehuacan, Pasamos la caseta de Miahuatlán. El valle se va convirtiendo en pequeñas lomas. El paisaje de lomas se ha hecho de cerros, cerros cada vez más altos. Termina Puebla. Pasamos el puente Calapa, 110 metros de altura, de un cerro a otro cerro. Principia Oaxaca.

Vamos avanzando en las faldas de los inmensos cerros, algunos tramos de carretera son largos puentes. El paisaje esta tenuemente iluminado, solo se distinguen las líneas que limitan los cerros del cielo, ambos de un color gris oscuro. Vamos ascendiendo, llegamos a la parte alta, a la región mixteca.

La carretera, ahora va entre lomeríos de poca altura, tanto como el terreno lo ha permitido es recta, pocas curvas. Pasamos la caseta de Coixtlahuaca. Pasamos Nochixtlán, es un pequeño valle. Vamos por un tramo de curvas. El tráfico está detenido, pasan vehículos del carril en sentido contrario al nuestro. Empezamos a avanzar. Varios hombres con una maquina y un camino de volteo están despejando la carretera de los restos un derrumbe, piedras y tierra sobre la carretera. Pasamos la caseta de Huitzo. La carretera se amplía, es de cuatro carriles. Avanzamos. Nuestro campo visual, desde la izquierda hasta derecha, es el Valle de Oaxaca, lleno de luces. Llegamos al Valle. Un poco más y un letrero sobre la carretera nos recibe: Bienvenidos a Oaxaca, ciudad colonial.

Avanzamos por la calzada de acceso a la ciudad hasta el primer semáforo, nos toca en rojo y nos detenemos. Enfrente y a la izquierda esta la glorieta con la estatua de Benito Juárez, él con su corbata de moño, su chaleco y su levita, con su mano y brazo izquierdo más que portar la Bandera la abraza, abraza a la Bandera como si ésta fuera La República, a un lado de sus pies yace caída la corona imperial. En la plataforma que sostiene la escultura el lema, el apotegma: El respeto al derecho ajeno, es la paz. Estamos en Oaxaca de Juárez.
La minicrónica del viaje de Xalapa a la ciudad de México, por el bosque sin niebla, está en Domingos y festivos.
En Morelia y de allí a la ciudad de México y a Xalapa

Los dos primeros días del último mes de 2005 estamos en Morelia. El trabajo absorbe la mayor parte de nuestro tiempo. Desayuno en el hotel, traslado a las sesiones de trabajo, a pocos metros del hotel, comida en el mismo hotel el jueves 1 y el viernes 2 en un salón contiguo al de las sesiones de trabajo.

La cena del jueves 1 es destacable. Vamos de nuevo a Las Lupitas II. En el preámbulo conversamos, Jesús, un colega de Morelia, que resulta ser el tío de otro colega, y yo, la conversación es sobre tópicos de la trabajo y de las mudanzas que hay que vivir. Acompañamos la conversación con un tequila. Nos traen los primeros platillos: Enchiladas morelianas, seguimos con sopes y pruebo un delicioso huchepo –tamal de elote, dulce, cubierto de crema-. Otros tequilas. Nos despedimos de los que todavía siguen cenando y nos retiramos al hotel. En la televisión veo y oigo una única noticia: Sergio Pitol recibirá el Premio Cervantes de Literatura. No veo más y reanudo la lectura de Luna llena en las rocas. Me duermo.


En el receso del trabajo del viernes por la mañana, converso con la colega que conduce el evento, Alicia, nos reconocemos como paisanos. Hablamos de la conservación de la lengua zapoteca, de la hermosa vestimenta de nuestras paisanas. Le platico que en la primera semana de octubre de este año fui a la costa del pacífico y comí pescado y mariscos en Tehuantepec, después de veintitantos años de no ir por alla. Interrumpimos la conversación, el trabajo nos reclama.

Al terminar la sesión de trabajo del viernes 2, 6:15 de la tarde, salimos de regreso, Octavio maneja el auto. Salimos de Morelia, intento dormir y lo logro, me despierto al llegar a la caseta de cobro de la autopista. Al lado de la carretera el lago. Se termina la autopista e inicia un tramo carretero de solo dos carriles. Pasamos Atlacomulco, la carretera se amplia a cuatro carriles. En Toluca tenemos que circular en sig-sag para poder tomar la autopista, pasamos la ciudad. Vamos ascendiendo por la autopista en medio del bosque, pasamos La Marqueza. Llegamos a la caseta, son las 10 de la noche. Un camión obstruye el acceso en nuestro carril, lo libramos y pasamos. Llegamos a la ciudad de México, pasamos Santa Fe, grandes edificios de acero, concreto, aluminio y vidrio. Por Constituyentes y el Circuito interior llegamos a guardar el auto, nos despedimos de Jesús. Abordamos un taxi para dirigirnos a casa. Desciendo enfrente del edificio donde vivo, Octavio sigue en el taxi.

Dejo mi maleta en el departamento, con mi mochila abordo mi vehiculo. Por el Viaducto vamos hacia la salida de la ciudad, llegamos a la Avenida Zaragoza. El tráfico de normal se hace lento, luego lentísimo, se detiene. Es insólito, a la media noche esta inmensa ciudad tiene un embotellamiento en la salida hacia el oriente. Salimos de la ciudad, es la media noche, por el radio escuchamos el Himno Nacional.

Avanzamos por la autopista. Trailers. Trafico intenso a la media noche. Trailers. Pasamos Puebla. Trailers. Salimos de la autopista en Acatzingo, tráfico escaso, rebasamos sin dificultad a los pocos autos y camiones que vamos alcanzando. Trailers.

Pasamos la caseta del libramiento de Perote a las 3 de la mañana. El descenso es rápido. No hay niebla. Trailers. Llegamos a Xalapa a las 3:45. Primer semáforo en verde, segundo semáforo en verde, tercer semáforo en verde, cuarto semáforo en rojo. Nos detenemos, estamos en Xalapa.

De la ciudad de México a Morelia


Ayer, 30 de noviembre, salimos del trabajo y abordamos el auto, bajamos los ocho pisos del estacionamiento, nos incorporamos a la lateral de Paseo de la Reforma, frente a la Torre Mayor nos incorporamos a uno de los carriles principales, tomamos por el Circuito Interior y Constituyentes, el tráfico de lento se hace lentísimo, un camión de volteo está deteniendo el avance, finalmente llegamos a Santa Fé, la otra cara de la ciudad, edificios altos de vidrio, mucho vidrio. Me acuerdo del proceso de fabricar vidrio: La arena silica es extraída en el sur de Veracruz, trasladada a las plantas que la transforman en Monterrey, y de allí a las construcciones que vemos a ambos lados de lo que se va convirtiendo en la autopista a Toluca. O ¿todo este vidrio es importado?

Llegamos a la primera caseta. Vemos el bosque, verde, cuanta tranquilidad. En el auto vamos Octavio en el asiento trasero, Jesús de copiloto y yo al volante. Pasamos La Marqueza. Llegamos a Toluca. Buscamos la vía corta a Morelia, después de avanzar lentamente por un tramo en obra, tomamos la autopista. Pasamos la exhacienda de Pasteje, vemos pastando toros de lidia. Llegamos a Atlacomulco.

Tomamos la carretera a Morelia, está aun cuando es de cuota es de sólo dos carriles. El sol que nos tocaba con sus rayos por la izquierda, ahora está de frente en su trayectoria al ocaso. Termina el Estado de México, principia Michoacán. Vamos avanzando con el sol de frente. Termina el tramo de dos carriles y después de otra caseta la carretera cambia a autopista de cuatro carriles. El sol ocultándose. De pronto tenemos a la vista enfrente el Lago Cuietzeo. Pasamos otra caseta, ahora el lago esta a nuestra derecha. El cielo se ha transformado de un azul a un azul grisáceo, enfrente el resplandor del sol ocultándose. Ahora la semiesfera celeste es de un gris azul.

Ya no esta el lago a nuestra derecha. La autopista sigue, tomamos la desviación a Morelia. Llegamos a la ciudad, buscamos el libramiento, tomamos por esta vía que se transforma en Camelinas. Llegamos al hotel. Dejamos nuestro equipaje en las habitaciones. Salimos a merendar.

A pocas cuadras del hotel, cenamos en Las Lupitas II, nos recibe con su lema: Yo solo se que no he cenado. Tampoco hemos comido, así que entramos y disfrutamos de un banquete de platillos mexicanos, michoacanos: Pozole, torundas, de postre un dulce delicioso de chilacayota. Pagamos la cuenta. Regresamos al hotel, guardamos el auto y salimos a caminar.

En una tienda, que es restaurante, farmacia, venden regalos y librería me encuentro el último libro de Xavier Velasco: Luna llena en las rocas, edición de noviembre de 2005.

Regresamos al hotel. Me pongo a leer, inicio por en medio del libro, Huachinango a la vista es el titulo del capitulo, sigo luego por el principio: Trópico de Venus. Es hora de dormir.