La minicrónica del viaje de Xalapa a la ciudad de México, y la breve visita a Tembladeras, está en Domingos y festivos.

De la ciudad de México a Oaxaca

Este viaje lo decidimos en la madrugada del último jueves.

Salimos, el jueves, a las 3 de la tarde de donde vivimos. Nos incorporamos al Viaducto, luego la Avenida Zaragoza, enseguida la autopista. Pasamos Puebla. En Cuacnopalan salimos de la autopista y nos incorporamos a la carretera de dos carriles. Pasamos la caseta de Tehucán, luego la de Miautlán. Termina Puebla.

Atravesamos la gran cañada por el puente Calapa.

Empieza Oaxaca. Ascendemos rápidamente la gran montaña. El ascenso que en otras ocasiones lo hacemos a 80 o 90 kilómetros por hora, ahora lo hacemos a 110 o 120. Rápido. Vamos viendo ocultarse el Solo. El ocaso. El paisaje es sorprendente, grisáceos. El perfil de la montaña en una línea ondulante. Las nubes tiene un color rojo intenso. Un espectáculo de la naturaleza. Terminamos los 30 kilómetros de ascenso. Vamos más rápido.

Pasamos la caseta de Coixtlahuaca, luego la Huitzo. La carretera cambia de 2 a 4 carriles. Mas rapido. Llegamos al Valle de Oaxaca. Termina la autopista. Vamos entrando a la ciudad. El primer semáforo en rojo. Nos detenemos. En la glorieta la estatua de Benito Juárez se yergue poderosa, mas que portar la Bandera, la abraza, abraza la bandera como si abrazara la Republica. Avanzamos.

Por la calzada Madero entramos a la ciudad. Luego la misma via que cambia de nombre a Independencia. Cruzamos la calle J. P. García. Nos detenemos, estacionamos el vehiculo, descendemos. Entramos a la funeraria…













El sepelio de Vicente

Pasamos la mayor parte de la noche del jueves al viernes en vela, acompañamos el cuerpo de Vicente que descansa para siembre en su ataúd. Nos acompañamos, la familia y los amigos. Sentimos el deceso. Nos duele.

A media mañana, salimos de la funeraria y entramos a la Iglesia de San Felipe Neri, ambos edificios son contiguos.

La misa de cuerpo presente. El canto en la misa …me mire a los ojos…

Salimos de la iglesia. Vamos en cortejo, en los vehículos. Llegamos al Panteón Jardín.
Entramos en cortejo al panteón. El ataúd con el cuerpo adelante. Nosotros. La banda que toca la Canción Mixteca, solo la toca, esta pieza que es nostálgica se siente ahora más. La nostalgia. La tristeza. Llegamos a donde esta cavada la fosa.

Con palabras nos despedimos del primo, del amigo, del hombre bueno. Un cuarteto de cuerdas interpreta Amigo. El ataúd es bajado a la fosa. La banda toca las Golondrinas. El ataúd ya esta en el fondo de la fosa, lo cubrimos de tierra. Sobre la tierra se colocan flores. Flores blancas cubren la tumba. El cuarteto de cuerdas toca Dios nunca muere, algunos acompañamos con el canto: Muere el Sol en los montes, con la luz que agoniza, pues la vida en su prisa, nos conduce a morir… sólo me queda el consuelo que Dios nunca morirá…

De Oaxaca a Xalapa

Después del sepelio de Vicente. Nos despedimos. Comimos. Salimos a la carretera.

Atravesamos el bosque de pinos. Avanzamos rapido. Después de las dos primeras casetas, descendemos el tramo de 30 kilómetros de curvas. Pasamos el puente Otates, luego el puente Carrizalillos. Termina Oaxaca. El puente Calapa. Empieza Puebla.

Después de la caseta de Tehuacán con incorporamos a la autopista. En Acatzingo dejamos la autopista y tomamos por la carretera angosta. Llega la noche, oscura.

Pasamos por el libramiento de Perote. Empezamos el descenso, hasta Las Vigas es ágil. Avanzamos. Empieza el tramo de niebla. Vamos en una larga, muy larga, larguisisma fila de carros. La niebla. Rebasamos algunos traileres. La niebla. Llegamos a Xalapa. La niebla…
La minicrónica del viaje de hoy, de Xalapa a la ciudad de México, está en Domingos y festivos.
De la ciudad de México a Xalapa

Ayer, a las tres y media de la tarde, tomamos por el Viaducto, luego la Avenida Zaragoza. A 70 u 80 kilómetros por hora, salimos de la ciudad de México.

Llegamos a la autopista, avanzamos. Al pasar por Puebla el tráfico es lento. Nos detenemos y avanzamos lentamente para pasar por la caseta de Amozoc.

Seguimos, ahora más rápido, vamos a 140 kilómetros por hora. En Acatzingo salimos de la autopista. Inicia la noche. En el horizonte aparece la luna. Un círculo plateado. Nos guía la Luna.

Cuando vamos llegando a El Seco, al deternos para cruzar la vía del tren, el paisaje es hermoso. El pueblo está formado por líneas de luces, luces amarillas, casi doradas, líneas trazadas rectas y que por el declive de terreno se ven curvas, curvas paralelas. En el cielo la Luna, entera, un círculo.

Pasamos Zacatepec, después de pocos kilómetros una gran nube oscura oculta a la Luna. Ahora la noche es oscura.

Al pasar por el libramiento de Perote, nos toca la lluvia, primero ligera, luego intensa. Se termina la lluvia.

Iniciamos el descenso. Nos va cubriendo la niebla. Vamos en caravana de 20, 30, 40 vehículos descendiendo entre la niebla. Rebasamos, primero una camioneta, luego un trailer de doble remolque, otro auto, otra camioneta, otro trailer, rebasamos. La niebla. Rebasamos otro trailer de dos remolques. Xalapa 13. Ya no hay niebla. Avanzamos, aparentemente solos. Nuevamente otra caravana. En caravana llegamos a Banderilla.

El boulevard iluminado. Primer semáforo en rojo. Nos detenemos. Estamos en Xalapa.
La minicrónica del viaje de ayer, de Xalapa a la ciudad de México, está en Domingos y festivos.

De Xalapa a Veracruz. Ida y vuelta

Anteayer, sábado 7 de enero, salimos a las seis y media de la tarde de la casa. Tomamos la carretera a Veracruz. Cuatro carriles. Dos carriles descendiendo desde los 1450 metros sobre el nivel del mar hasta la costa.

Llegamos al puerto de Veracruz a las siete y media de la noche. Entramos por el norte. Pasamos por el puente sobre las vías que salen de la antigua estación del ferrocarril. Pasamos por la parte posterior del palacio municipal. Luego tomamos por el Malecón del Paseo. Pasamos frente al Café de la Parroquia, reubicado. Frente al Faro Venustiano Carranza dimos vuelta hasta llegar al Boulevard Manuel Ávila Camacho. Vimos el mar del Golfo de México.

Llegamos a visitar a nuestros amigos y juntos nos fuimos a la fiesta para celebrar el cumpleaños de Ely y Chalío. El convivio fue amenizado por una marimba. La primera pieza fue Las Mañanitas. Luego escuchamos un danzón clásico, el más clásico de los danzones: Nereidas, cuyo origen está en Zaachila, Oaxaca. Después el danzón Almendra. Oímos otras piezas a la vez que tomábamos la merienda. Nos despedimos pasada la media noche.

Regresamos a Xalapa. Ascendimos, en 106 kilómetros de carretera, los 1450 metros que habíamos descendido y llegamos a Xalapa a las dos de la mañana del domingo. Estamos en la casa.

De Oaxaca a Xalapa

Antier, después del recorrido matinal por el centro de la ciudad y la visita al Museo de los Pintores de Oaxaca, salimos a la carretera.

El primer tramo, de veintitantos kilómetros, de cuatro carriles hasta la caseta de Huizto. Luego la reducción a dos carriles. Entramos a las montañas de poca altura. Atravesamos el pequeño valle de Nochixtlán, ya en la región mixteca. Pasamos la caseta de Coixtlahuaca. Un lomerío de tierras blanquesinas, semiárido. Termina el lomerío e iniciamos el descenso por la montaña semirocosa. Las montañas que vemos en el lado opuesto de la gran cañada por la que transitamos son impresionantes. Se ven rocosas (foto).

En día anterior, transitamos por la Sierra Madre del Sur, atravesamos sus montañas verdes. Ahora atravesamos las montañas rocosas de la mixteca. Solo hay arbustos y cactus. Miles de catus, prendidos como alfileres. Terminamos el descenso. Termina Oaxaca.

Cruzamos de una montaña a otra por el puente Calapa. Principia Puebla. La montaña sigue y va atenuándose hasta terminar en una planicie. Pasamos cerca de Tehuacan. Nos incorporamos a la autopista que viene de Veracruz y en Acatzingo tomamos la desviación a Xalapa.

Seguimos por el tramo carretero que hemos recorrido ya muchas veces, cuando viajamos desde la ciudad de México.

Termina Puebla. Principia Veracruz. Pasamos a un lado de Perote, por el libramiento. Iniciamos en descenso por las curvas del Cofre de Perote. Pasamos por un banco de niebla, breve. El tramo de curvas hace lento el tráfico. Vamos descendiendo en convoy, veinte, treinta, cuarenta autos, camiones, camionetas, traileres, autobuses. Una larga fila. Llegamos a Xalapa. Cuando ya se ha hecho de noche, llegamos a la casa.


Rufino Tamayo

En la planta alta del Museo de los Pintores de Oaxaca, que visité ayer, está una exposición de parte de la obra de Rufino Tamayo. Se trata de la colección que pertenece al Museo de Arte Moderno de la ciudad de México.

Oaxaca es la ciudad de origen de Tamayo. El fue nutriendo su paleta con los colores de Oaxaca, de su paisaje, de sus artesanías, de las frutas expendidas en sus mercados. Una paleta en la que destaca el rojo, el rojo tamayesco.

Tamayo no desarrolló su obra en Oaxaca. Quizá esta es una de la primeras exposiones de la obra de Tamayo en su propia tierra. Es una muestra que hay que disfrutar.

Destaca entre estos cuadros Hombre radiante de alegría (foto).


Museo de los Pintores de Oaxaca

Ayer, después de la atención odontológica, camino por el centro de la ciudad. En la esquina noroeste del Zócalo veo a un pintor con su pincel y caballete, pinta un óleo de paisaje citadino. La gente lo rodea y lo observa.

En la cale de La Independencia, esquina con García Vigil, esta el sobrio edificio que ahora alberga al Museo de los Pintores de Oaxaca. Un edificio de fachada de cantera, de líneas neoclásicas. Al entrar están a los lados dos salas, después de éstas el patio interior rodeado de arcadas sostenidas por columnas de cantera. En el patio destaca una columna prehispánica.

En la planta baja se ve una exposición de algunos pintores contemporáneos. Colores de diferentes paletas. En algunos de ellos es notoria la influencia de pintores de anteriores generaciones como Rufino Tamayo, Rodolfo Morales y Francisco Toledo.

Un cuadro llama mi atención: La paisana (foto), pintado por Crispín Vayadares. De la misma forma que en Oaxaca se denomina a las mujeres del Istmo. Este cuadro reúne el colorido de los vestidos de las tehuanas, las mujeres del Istmo.

De Huatulco a Oaxaca

Antier, otra vez atravesamos la Sierra Madre del Sur, ahora en dirección del sur hacia el norte.

De paisaje de arbustos, pasamos al paisaje tropical y al de montana fría.

Caídas de agua. Donde el bosque tiene sus últimos árboles y plantas tropicales existen plantíos de Café. Por aquí se produce un de los mejores cafés, llamado Café de Pluma Hidalgo.

Del bosque de pinos, ocotales, descendemos al valle de Oaxaca. Pasamos ya de noche por Miahuatlán, luego Ejutla y Ocotlán. Llegamos a la ciudad.

La basura de Huatulco

Antier, las circunstancias de nuestra estancia en Huatulco hicieron que lleváramos varias bolsas de basura al tiradero, llamado relleno sanitario.

El acceso al lugar de concentración de la basura generada por los que viven y los que visitamos las Bahías de Huatulco esta pavimentado, con una caseta de control de acceso.
Esperaba ver algo organizado, clasificación de los tipos de desecho, y lo que vi me dejo sorprendido. Vi personas, adultos y niños separando de la basura aquellas cosas que pueden serles de utilidad. Lo que comúnmente llamamos pepenadores. Entre los pepenadores, niños. Niños que debieran estar asistiendo a la escuela. Me sorprendió el hecho. La pobreza ha orillado a familias, incluidos los niños a trabajar en el basurero, sin ninguna protección. Personas conviviendo con zopilotes –aves de rapiña- en el basurero. Pensaba que Huatulco tenía un sistema acorde a la infraestructura hotelera y a las necesidades de preservación del ambiente para el tratamiento de los desechos que generamos, los visitantes y los que viven ahí, pero no es así. Cuanto nos falta por hacer…


Bahías de Huatulco

Después del desayuno, fuimos a la playa El Maguey. Es una pequeña bahía. Quizá no tan pequeña, ya que a media tarde fueron arribando las embarcaciones de turistas llamadas catamaranes, llegaron cuatro de estos transportes marinos con cientos de turistas playeros. La playa estuvo llena de bañistas.

Comimos en la playa. El platillo especial de esta costa oaxaqueña es el Pescado a la Talla, así que nos deleitamos con Huachinango a la Talla, precedido de un ceviche, también de pescado, éste de Atún.

Después de la comida, caminamos por la playa. Esquivamos castillos de arena. Nos retiramos de la playa.

Fuimos a un mirador. El mirador del Faro. Desde ahí contemplamos la salida de los catamaranes al mar abierto. Mar azul, al fondo cielo azul.

Llegamos enseguida a otro mirador. Vimos la bahía de Santa Cruz. Vimos la marina. Vimos las instalaciones de la Armada de México. Vimos el mar. Vimos el cielo. Vimos el mar fusionándose a lo lejos con el cielo. Azul, todo azul.


La minicrónica del viaje de Oaxaca a Huatulco, en el día de Año Nuevo, está en Domingos y festivos.