La minicrónica del viaje de la ciudad de México a Veracruz, y de ahí, muy lentamente a Xalapa, está en Domingos y festivos.
Caos en el aeropuerto de la ciudad de México

Hoy a las cinco de la tarde, en el Metro llegué al aeropuerto dos horas antes de mi vuelo de regreso a Veracruz. Documenté mi equipaje y subí a la sala de espera.

Mientras leía el diario escuche a una pasajera que comentó que no había despegue de vuelos porqué había un problema en la torre de control. Cómo tenía tiempo todavía antes de la hora programada de la salida de mi vuelo, seguí leyendo. Me percaté que no estaban anunciando vuelos. Esperé. No anunciaban salidas de vuelos. Más tarde avisaron por el sonido local que no había salidas de vuelos, que informarían más tarde. Pasaron horas.

Cuando reiniciaron los vuelos el aeropuerto estaba saturado de personas que esperábamos en las salas y pasillos. El mostrador de información de la línea aérea de mi vuelo estaba muy concurrido, una pequeña multitud enfrente preguntaba, preguntábamos por nuestros vuelos. No había información.

Más tarde con un megáfono avisaron que varios vuelos, siete u ocho, estaban cancelados. Mi número de vuelo estaba en la lista de los debíamos esperar. Esperamos.



En la espera, conversé con un señor que venía de Los Ángeles e iba a Veracruz. Me dijo que él ya estaba en el avión, que esperaron en el aparato tres horas, pasadas estas les avisaron que esperaban turno en la pista y finalmente les dijeron que descendieran del avión pues el vuelo a Veracruz estaba cancelado.



Así esperamos. Nos decían por el megáfono que esperáramos. Finalmente nos avisaron de la cancelación del vuelo 633 a Veracruz. Ya había cancelado otros más.



Nunca supimos cual fue el problema real que sucedió. Sólo nos veíamos, comentábamos y algunos reclamamos. Pasé cinco horas en el aeropuerto sin poder abordar mi vuelo.



Por cancelarse el vuelo en el que partiría, se me asignó otro para mañana domingo, espero que salga y llegue a Veracruz.


Huatulqueñas
Ayer en nuestra jornada de trabajo, que inició a las ocho de la mañana, tuvimos un receso antes del medio día.

En el receso conversé con las hermosas huatulqueñas que nos recibieron el pasado miércoles en la sala de trabajo, ataviadas con el traje regional de la costa de Oaxaca. Ellas son Dulce, Dafne, Edna y Magdalena.




De lo breve que hablamos fueron de libros con derivación en la poesía, a Dafne, que estudia Relaciones Internacionales en la Universidad del Mar, le gusta y escribe poemas y canciones y canta en una Peña en La Crucecita. A Edna le gusta la pintura, especialmente se identifica con la pintora Frida Kahlo. Dulce, quien tiene unos preciosos ojos verdes y luce un hermoso huipil chinanteco que se complementa con una piña, ha trabajado en empresas dedicadas al diseño gráfico y la publicidad. Magdalena, la líder, se dedica a la promoción de la ropa hecha artesanalmente.



Después de terminar la jornada de trabajo, fuimos a comer. Invitamos a las chicas huatulqueñas. Comimos en el pequeño restaurante de mariscos El Pata, junto a éste encontramos un tienda de frutas –Manjar de dioses, dice un letrero colgado al igual que las frutas-.



Después de la exquisita comida, caminamos a conocer la peña donde a veces canta Dafne y donde Edna exhibe sus pinturas. Ahí está un óleo con Frida Kahlo, la pitora autorretratada, le tomo un retrato.

Seguimos la caminata. Mis amigos compraron Mezcal –bebida de agave, mejor que el tequila-. Vistamos la iglesia que está frente al parque y a la salida nos despedimos de nuestras anfitrionas y quizá amigas huatulqueñas.

Regresamos al hotel, de ahí al aeropuerto. Cuando ya era de noche dejamos los cielos del sur – pacífico. Al llegar a la ciudad de México tuve la sensación de llegar a un gran, inmenso, lago de luces. Aterrizamos en medio del lago de luces…


Paseo por las Bahías de Huatulco

La jornada de trabajo fue de las ocho de la mañana a las dos de la tarde.



Después dl trabajo fuimos a un paseo en un catamarán –plataforma de dos niveles que flota sobre el mar impulsada por dos motores-, salimos de la Bahía de Santa Cruz, dimos un giro a la izquierda hasta contemplar de frente la Bahía de Tangolunda, donde está el hotel donde estamos hospedados. Luego un giro de media vuelta y avanzamos en un oleaje suave que mece nuestro catamarán. Vamos contemplando el mar y los acantilados que separan las bahías. Llegamos a la Bahía Maguey. Descendemos en pequeñas lanchas.

En la playa Maguey comemos una delicioso banquete de mariscos. Acompaña la comida la música y canto de un mariachi. La vida deliciosa.

Después de comer, caminamos por la playa. Éste es un ejercicio que disfruto, caminar por la playa es relajante.

En las pequeñas lanchas y en varios viajes vamos de la playa a ascender en la nave. Vamos de regreso. El atardecer en el mar es apacible. Un suave viento nos toca. El mar azul. Al fondo en el poniente el Sol se va ocultando y el cielo pasa del azul al rojo, tenemos un cielo rojo en el poniente.

Termina el paseo marino. Llegamos de regreso a la Bahía de Santa Cruz y descendemos. Regresamos en autobús al hotel. La tarde ha terminado.

Tomo un riego –ducha-. Vamos al pueblo, muy cercano, de La Crucecita. Un pueblo tranquilo. Caminamos y nos encontramos una neveria. Me tomo una nieve combinada de leche quemada y pétalos de rosa, un exquisito sabor a rosas. Regresamos al hotel. Después de la merienda, hacemos una pequeña caminata en la playa. Los pies descalzos sobre la arena y el agua del mar acariciándolos. La vida es muy, muy, agradable así…

Hoy, día de la Bandera, dejo preparada mi maleta para el regreso y me traslado a la sala de trabajo. Iniciaremos a las ocho de la mañana.
Trabajando, conviviendo y disfrutando en Huatulco

Ayer la sesión de trabajo inicio a las ocho y media de la mañana. Un breve receso a las once y un descanso para comer a la una de la tarde.



La comida estuvo deliciosa. Disfrute de un platillo de ceviche de pescado, acompañado de ensalada. Contemplamos el paisaje. Playa. Bañistas. Mar.

Continuamos la sesión de trabajo a las tres y media de la tarde y terminamos a las seis. A esa hora se inauguro la exposición que acompaña nuestras sesiones. Tecnología…



Después la merienda. Disfrute de una deliciosa tlayuda de mariscos, acompañada de vino blanco. Charle con mister Duncan, hablamos de libros, historia de México, perspectivas para el futuro. Todo ello en el restaurante El mexicano, a la orilla del mar, en este paraíso que es Huatulco, en la costa oaxaqueña del océano Pacífico. Mar, mariscos, buena charla, buen vino, buena vida…

Hoy iniciaremos nuestros trabajos a las ocho, me anticipo y escribo estas líneas, escuchando el murmullo de las olas del mar…

Cumpleaños en Huatulco



Ayer por la tarde recibí una llamada en mi teléfono portátil. Era mi hermano David que me llamó de La Florida, donde vive, para felicitarme por mi cumpleaños. Conversamos.

Hoy, al levantarme, vi por la ventana de la habitación el mar. El mar con sus olas muy suaves sobre la playa. El primer regalo que recibo por mi cumpleaños me lo da la naturaleza. Me deleito los ojos contemplando el mar.

Salgo de la habitación y me dirijo a la sala de trabajo. En el trayecto por los jardines bosque veo una ardilla, no es huésped, está en su habitat.

Llego a la sala de trabajo…
Xalapa – Veracruz – Ciudad de México – Huatulco

Ayer por la mañana salimos, Víctor Hugo, Carlos y yo, de Xalapa. En el aeropuerto de Veracruz abordamos el vuelo a la ciudad de México, adonde llegamos a medio día.



En el trayecto aéreo tenemos una vista del Pico de Orizaba. La nieve lo cubre.

En el aeropuerto de la ciudad de México, nos fuimos encontrando con nuestros colegas y amigos de las distintas partes de este inmenso país nuestro. Todo el grupo abordamos el avión. Llegamos a Huatulco a mitad de la tarde.

Nos hospedamos en un hotel que da a la bahía Tangolunda. Vimos el mar.

Comimos cerca de la playa. Después tomamos algunos brindis. Tomé dos, solo dos, caballitos –vasos muy pequeños- de mezcal.

Estamos junto al mar. Trabajaremos tres días cerca del mar, de lo más parecido al paraíso.

La minicrónica del regreso, ayer, de la ciudad de México a Xalapa, por la ruta tlaxcalteca está en Domingos y festivos.
De Xalapa a Tembladeras y de allí a la ciudad de México

El viernes en la noche salimos de Xalapa, después de una hora y media de viaje llegamos a Tembladera, un pueblo en medio del bosque, en las montañas del Cofre de Perote pasamos la noche.



Salimos del pueblo en medio del bosque por la mañana del sábado. Avanzamos por la brecha, en la que encontramos a una persona avanzando despacio en su cabalgadura.



De la brecha de terracería pasamos a la angosta carretera, en la que sólo encontramos un tractor.



Desayunamos en un restaurante de cocina española en Perote y continuamos nuestro viaje, por la carretera de dos carriles, una en cada dirección.



Nos incorporamos a la autopista en Acatzingo, donde tiene dos carriles en cada dirección.



Más adelante, pasando la caseta de San Martín Texmelucan, la autopista se amplía a tres carriles por dirección.



Llegamos a la inmensa ciudad. Entramos por la avenida Zaragoza. Sobre lo que fue el camellón central avanza el tren suburbano.



Cuando nos vamos incorporando al Viaducto, el Metro cruza frente a nosotros sobre la avenida. Estamos en la ciudad de México en fin de semana.
México – Puebla – Perote – Xalapa – Veracruz

El jueves 15 por la mañana, salí de la ciudad de Mexico. El tráfico para salir fue ágil. Pase por Puebla, luego Perote. Llegué a Xalapa antes del medio día.

Me acuerdo de una expresión popular que se refiere a los autobueses que van de México a Puebla: México – Puebla, pero te jala pa’ Veracruz.

Estuve en Xalapa algunas horas. Por la tarde partimos a Veracruz, llegamos al puerto al anochecer. Pasamos por el Boulevard, a la orilla del mar, el mar nocturno. Fuimos a las oficinas de nuestra empresa a dialogar con nuestros colegas. Después fuimos al clasico Café de la Parroquia, el más famoso del puerto. Conversamos, luego a descansar.

Ayer desayunamos y nos trasladamos al trabajo. Salimos del trabajo, ya avanzada la tarde, y fuimos a comer. En el restaurante nos alcanzo la noche. Salimos y emprendimos el regreso. Por el boulevard contemplamos el mar nocturno. Llegamos a Xalapa. Muy cerca de la casa vemos la fuente que hacía mucho tiempo no funcionaba, toda iluminada y lanzando su pequeño torrente vertical. De nuevo en casa.

La Minicrónica del viaje de Xalapa a la ciudad de México, en medio de la niebla, está en Domingos y festivos.

De Puebla a Xalapa

La salida de la Puebla fue fácil. Luego la autopista que he recorrido muchas veces.

Es una de las pocas veces que voy llegando a Xalapa de día. Al ir descendiendo por las curvas sobre las faldas del Cofre de Perote, veo Xalapa. Xalapa que rodea al cerro Macuiltepec (foto).

Llego a Xalapa a las cuatro y media de la tarde, directo a la agencia para dejar mi vehículo a servicio. Mi hijo pasa por mí y me da un ray a tomar mi clase de la tarde de viernes, a la que no he ido…



Puebla

La tarde del jueves viaje de la ciudad de México a Puebla. Tráfico tranquilo. Llegué directo a la oficina de la egresa en la que trabajo. De ahí salí al hotel a los 8 y media de la noche. Traté de leer, leí poco. La luz era escasa. Estaba cansado y me dormí.

A las 7 con veinte, salí del hotel. Con el vehículo preparado, esperé a mi colega y amigo Lucio para ir a desayunar. Mientras lo esperaba caminé a la esquina. Contemple los edificios de regia arquitectura colonial. En contra esquina del hotel un edificio escolar, sobrio (foto). Llego Lucio en su auto, lo seguí.

Recorrimos varias calles. Ésta es una ciudad que conozco poco. Me agrada su arquitectura. Entramos a desayunar en un edificio remozado (foto). Su estructura de acero visible en el interior, también en el exterior, lo hace singular.

Al terminar el desayuno fuimos al trabajo. Termine a las dos de la tarde.

De Morelia a la ciudad de México

Salí temprano del hotel, en un taxi me trasladé al aeropuerto.

La mayoría de las personas que esperaban abordar su vuelo iban con destinos a Los Angeles, Houston, Chicago y Miami. Son paisanos que se van a trabajar del otro lado. La revisión de su equipaje es minuciosa.

Abordamos y salimos a tiempo, a las 7:45 ya estábamos despegando. En el diario El Economista me entero de que empresas obtuvieron el Premio Nacional de Calidad, entre ellas el área de la empresa en que trabajo y que tiene sede en Morelia.

Vamos llegando a la ciudad de México. En el descenso para el aterrizaje contemplo la ciudad. Las torres: Mayor, PEMEX y Mexicana, destacan entre la inmensa ciudad. Aterrizamos. Abordo un taxi que avanza lentamente en el congestionado tráfico…

En Morelia

Ayer, miércoles, fue un día de trabajo normal. Alejandro pasó por mí al hotel a las 7:45, para ir al trabajo. Una jornada prolongada que terminó a las 7 de la noche. Fuimos a comer, más bien merendar. El cierre fue un postre delicioso: Chongos zamoranos, éstos están preparados con leche cocida hasta solidificarse. Delicioso. A descansar a las 9 y media de la noche.

De la ciudad de México a Morelia

La tarde del martes llegue a Morelia, en un avioncito. Viajamos sólo cinco pasajeros.

Por la ventanilla pude apreciar el lago Cuitzeo, sobre el que pasamos muy cerca al aterrizar.

Mi amigo y colega Alejandro me esperaba en el aeropuerto. Nos dirigimos a las oficinas de nuestra empresa a trabajar hasta las 9 de la noche. De ahí al hotel a descansar.

De Oaxaca a la ciudad de México

Después un desayuno oaxaqueño, suculento, salimos a la carretera. Viajamos en caravana en dos vehículos, el otro conducido por mi primo Pedro.

En territorio de Puebla, hicimos una breve escala, que aprovechamos para tomar nieve en la caseta de Miahuatlán.

En Río Frío nos detuvimos a comer. Quesadillas, de queso obviamente, con otros ingredientes: Flor de calabaza o sesos. Ya no puede probar el conejo en mixtote, éste nos lo trajimos para comer otro día.

Continuamos el viaje. Llegamos a la ciudad de México a las cinco de la tarde. Es una de las pocas veces que llegamos con la luz del día, un paisaje diferente, sin luces.

El novenario de Vicente

En la noche del sábado vamos a la ceremonia de Levantamiento de la Cruz, a los nueve días del fallecimiento de Vicente en la que fuera su casa.

En el salón principal de la casa esta dispuesto un tapete, sobre el piso, con la imagen de Jesucristo, el Padre y el Espíritu Santo. Esta obra de arte sacro y efímera luce enmarcada con pequeñas veladoras, su manufactura es con arena y aserrín coloreado.

La ceremonia transcurre entre rezos y cantos: …Señor, me haz mirado a los ojos, haz dicho mi nombre. En la arena he dejado mi barca, junto a ti buscaré otro mar… El tapete es desecho, juntando en su centro los materiales que lo componen. Con el mismo material es construida, por los padrinos y madrinas, una Cruz. Esta Cruz es seccionada en cinco partes: Cabeza, brazos izquierdo y derecho, corazón y pies. Cada sección es retirada y depositada la arena y aserrín que la constituyen en un recipiente. Los recipientes son colocados en el mismo sitio que ocupo el tapete formando con ellos una cruz y se les rocía por los familiares y amigos con agua bendita. Así permanecen hasta el amanecer.

A las siete de la mañana de hoy, entramos a la iglesia. Los padrinos y madrinas de la Cruz llevan ésta. Escuchamos la misa.

Después de terminar la misa nos dirigimos al panteón. Llegamos hasta el sitio donde esta la tumba de Vicente. Sobre la tierra que la cubre son abiertos dos canales en forma de Cruz, en estos se depositan los contenido de los recipientes levantados durante la noche, que formada nuevamente la Cruz. Se cubre de tierra. Se colocan flores blancas. Un guitarrista entona una canción que recuerda la valía del padre, del hombre que yace enterrado. Se canta Dios nunca muere: Muere el Sol en los montes, con la luz que agoniza, pues la vida en su prisa nos conduce a morir…voy a dejar la tierra ideal que me vio nacer… sólo me queda el consuelo que Dios nunca morirá…
De la ciudad de México a Oaxaca

Ayer a las diez de la mañana salimos. Por el Viaducto, luego la avenida Zaragoza salimos de la ciudad, muy lentamente, por el intenso tráfico, avanzamos hasta la primera caseta. Pasando esta encontramos un tráfico intenso pero fluido. Avanzamos rápidamente.

En Cuacnopalan salimos de la autopista. Avanzamos. Termina el Estado de Puebla. Pasamos el puente Calapa. Empieza Oaxaca. Enseguida el puente Carrizalillos, luego de varias curvas el puente Otates. Terminamos el tramo de curvas ascendentes y avanzamos más rápido.

Llegamos a Oaxaca a las tres de la tarde. Comemos. Voy a consulta odontológica.